lunes, 27 de junio de 2011

Las dosis de Iraina - I

Este relato ya se subió hace tiempo pero, supongo que durante el cambio de look del blog, ha desaparecido. Lo vuelvo a subir, para que pueda leerse ;)

-I-


¿Que por qué me ponía Iraina? No lo podría aclarar. Es decir, sí, me ponía su cara; Sus ojos, ojazos, sus labios tan, tan carnosos, la tersura y el color de su piel, pero es que... ¿cuántas mujeres valdrían más que ella en aquel aspecto? Quizás millones. E Iraina, sin tener un cuerpazo, ni tetas de escándalo, ni piernas esculturales, me ponía más que todas ellas... juntas.

¿Qué tienes, Ira?



El secreto estaba, o al menos así lo creo, en su “simple” forma de ser. Nacida y crecida en Bilbao, su forma de hacer las cosas, y también de entenderlas, lo convertía todo en sencillo. En agradable. Y en excitante.

La conocí en New York, donde ambos dos vivíamos en aquel entonces. Se había introducido en nuestro grupo de amigos a base de liarse con uno de ellos en un romance que, de primeras, nos chocó un poco a todos. Un poco gordita (un poco), con dificultades para el inglés, y sin aficiones ni gustos resaltables, se había llevado al “triunfador” de la plantilla, Andrew, a quien todas nuestras amigas vacilaban por promiscuo, y también al que todas, llámalo cinismo, se habían tirado en más de un encuentro. Guapo galán, adinerado ejecutivo, joven y seductor, y... ¿te quedas con la chica vasca? Es decir, era maja, muy maja, y bastó conocerla para saber que, pasase lo que pasase en aquella relación, había pasado a formar parte de nuestro grupo de amigos; no hubiera sido extraño que se hubiese liado con cualquiera del resto de nosotros, pero es que... ¿Andrew? ¿Andrew el aventurero? ¿El “espíritu libre” Andrew? No sé, no encajaban.

Los rumores, por supuesto, se dispararon al instante: Que si fingían para darle celos a alguien, que si Iraina había quedado embarazada en una noche de borrachera y habían escogido esa opción, cienmil chorradas del estilo... La posibilidad de que Ira volviera loco al chaval no apareció nunca como una ellas.



Mi punto de vista cambiaría completamente cuando un día llegué a casa, cansado del trabajo, y me abandoné en el sofá completamente decidido a entregarme a un viejo ritual que hacía tiempo que no me permitía, y que prometía relajarme a base de suministrarme un pequeño placer. Desabroché la cremallera de mi pantalón, que bajé lo justo para que no me molestase, y dispuse mi mano sobre mi pene para lo que mi ex llamaba “darse un homenaje”. ¿Y por qué no?

No tardó en erguirse; pero antes de deleitarme había de decidir quién iba a complacerme. Qué chica, qué belleza estaba por entregarse a mi mente. "Podía ser Susie, mi compañera de trabajo. Nah, demasiado usada, lo siento Susie, fue bonito mientras duró, pero tu piel ya no se siente tan dulce. ¿Quizás Carla, el bombón de clase de mis tiempos de universidad?" Nada, el recurso también estaba gastado, quizás desde aún antes. Y no sé, no era excitante.
Comencé a probar a mis amigas. Aquello fue más divertido, siempre tiene su gracia imaginar a una chica con la que tienes cierta intimidad gimiendo y entregándose al contacto de tu polla, pero aun así no me daban lo suficiente. Una por una, todas fueron fracasando. Si me pudiesen dejar en el pene una marca de su pintalabios creo que tendría una colección de arte moderno envidiable pero, para mi desgracia, de morbo, ni rastro.

Y entonces se me ocurrió Ira. ¿Por qué no? Podía al menos probarla... Ya me estaba quedando sin alternativas, y ella contaba con al menos una cosa: Era la nueva; y era simpática, no sé...

Iraina me miró, sonriente, juguetona. Arrodillada entre mis piernas, recorría sus labios con su lengua mientras no dejaba de mirarme con lascivia. Bajo su cara, un enorme y sexy escote me deleitaba. Me vio mirándolo, sonrió, y se quitó la camiseta...

(...y de momento ya me había durado más que ninguna de las otras...)

...y allí salieron sus tetas, preciosas. Ella, por su parte, no dejaba de sonreírme en su lascivia. Casi parecía que se estaba metiendo conmigo, jugando con mi forma de admirarla, y era extraño, porque jamás había imaginado a ninguna de mis fantasías en una disposición similar. Aquello me calentó. Ira, creo que hay algo en ti. Algo excitante. Y una alegría muy tonta me entró en el cuerpo, ¿podía ser el morbo segregándose en mi venas? Sí, ¡joder, me apeteces, Iraina!

Dejé temporalmente tranquila mi polla para buscar en mi portátil alguna foto en las que saliera la chica que, inconsciente, estaba a punto de entregarme su tacto. Me costó encontrar alguna en la que estuviera sin el estúpido Andrew, pero encontré un par de ellas, que coloqué en la pantalla tan grandes como me fue posible.

En una salía riendo, en pose caricaturizada hacia la cámara, y en la otra sus labios ponían “morritos”, resaltando su naturaleza carnosa y volviendo a Iraina bastante guapa. "Qué maja."

Decididas las fotos, me fui a la bañera y encendí el grifo del agua caliente, sumando algunos aceites para que quedasen diluidos, e incluso encendí un poco de incienso, dejándome llevar por la intuición. También aquello fue raro, porque nunca había montado algo así para masturbarme, pero yo qué sé; Como ha quedado escrito, estaba cansado, y necesitaba relajarme con un regalo que, por desgracia, ninguna mujer me iba a obsequiar.

Me metí en la bañera, y el calor reconfortante me inundó en un agradable abandono a la tranquilidad. Encontré que, sin que yo se lo pidiera, mis manos habían buscado entre mis piernas, enamorándose de aquel que aún me llamaba sin doblegarse, tan ansioso como yo por conocer a mi nueva amiga. La fantasía merecía ahora comenzar de nuevo...


Me estaba duchando, cuando alguien abrió la puerta del baño. Era Iraina. ¡Perdón! gritó de inmediato cerrando la puerta. Como si me hubieras molestado, Ira.

Volvió a abrir.

-Lo siento, lo siento muchíiiisimo, pero voy con mucha prisa y necesito ducharme! Estoy con los ojos cerrados -era cierto, se los estaba tapando con una mano -no miro nada, dime donde puedo alcanzarte una toalla y déjame la ducha a mí, por favor!

Reí



-jaja, pues me doy cuenta de que no tengo ni una mísera toalla a mano en el baño, y aún ni siquiera me enjabonado el pelo, así que me temo que tu plan es un poco insostenible. Pero en la ducha cabemos los dos, Ira, no seas tonta y ven aquí...


(En efecto, fantasear es algo tan, taaan fácil...)




Ella abrió los ojos. En mi ducha no había mamparas, y se encontró con mi cuerpo desnudo, sin nada que nos interpusiera. Pude ver cómo lo miraba de arriba a abajo haciéndose la distraída. Más abajo que arriba, desde luego.

-Pues joe, si no te importa... lo siento, pero es que llego tarde!
-Estaré encantado de que lo hagas, Ira... -respondí tratando de poner una voz cómoda y atractiva, estilo caballero.

PhotobucketSe desnudó corriendo, como si de verdad tuviera prisa. Su cuerpo, tan impresionante como mi imaginación podía permitirse, quedó enseguida libre ante mis ojos. El vapor que inundaba el baño le daba un toque húmedo que le quedaba perfecto, y ella estaba flamante, preciosa. Incluso mi pene se irguió entonces para no perdérsela.

-Jaja, vaya con el nene- dijo riendo ante mi erección y vacilándome -a ver si ahora no vamos a caber los dos en la ducha...!
-Jaja, lo siento, Ira, parece que me excitas un poquito
-¿Sí no? Ya lo veo ya, pero me meto igual, que llevo prisa, no te importa no?

Y sí, se metió, desnuda, junto a mí. Por mi parte, no pude evitar centrar de inmediato mi vista en sus preciosas tetas. Soy un hombre, yo que sé, no puedo escoger mis prioridades, ni tengo por qué hacerlo en los momentos a solas conmigo. Y ahora, a diez centímetros de mí, podía oler a esa mujer. Y admirarla. Y morirme en la visión de esos pezones que nada evitaría que lamiera en unos segundos. Y excitarme como si nunca hubiera probado a una mujer en mi vida.

-Nene, ya que te veo lanzado, ¿me harías un favor? ¿te importa enjabonarme? Es que necesito ganar tiempo, y tendría que estar saliendo ya...


Mi imaginación no es de lo más sorprendente. Ni me importa.

-Claro. Te enjabonaré, Ira -respondí galantemente.

Y así, ella me dio la espalda mientras la ducha seguía humedeciéndole pelo y piel. Comencé por sus hombros, poco a poco, su culo, sus piernas... De alguna manera, imaginaba que lo hacía despacio, conociéndola, experimentando su tacto en mis manos, pero en mi mente todo pasaba muy rápido, demasiado concentrado en la idea de llegar al final. Aun así, el calor de esa chica inundó mis dedos. Después de enjabonar su vientre, por fin, me atreví a subir hasta sus senos, los senos que llevaba “tanto” tiempo esperando; despacio, con delicadeza, deleitándome en su tacto... alcancé sus pezones, suaves, mojados, excitantes... envolví sus preciosas tetas... para comenzar a masajearlas...

-Joder, pero...-exclamó con cierto tono de reparo -me estás tocando las tetas?
-Hombre... te las enjabono, no? -respondí con una voz más masculina que la que saldría nunca de mi boca en el mundo real
-Sí ya, un poco listo tú eh? Me estás sobando las tetas! -mantenía el tono de reparo, pero se empezaba a notar un fondo de “te vacilo hombre, tócamelas joder”
-Sólo un poquito, Iraina...
-Jaja, claro hombre, idiota...! -se acabó rindiendo y sonriendo. Estaba sobando sus pechos, y aun así me hacía sentir inocente!

Photobucket

Se volvió hacia mí.

-Anda, pero solo un poquito eh? Que llevo mucha prisa...

Gracias al cielo. Eran suaves, sexys, enormes. Eran unas tetas geniales. Acerqué mi boca hasta ellas para proceder a lamerlas..

-Oh, nene -gimió -sí, gracias por pedirme permiso para lamerme las tetas. Podía haberme importado -la mofa inundaba el tono de su voz mientras mi lengua lamía por vez primera la piel de Iraina, los pechos de Ira, sus voluminosas y calientes tetazas, que sabían a dulce, sabían a sed y agua, a cielo después de tierra. Sabían a placer.

-Oh dios, nene, creo me está gustando... -susurró ella con un ligero gemido
-Soy muy exigente cuando enjabono a alguien, Ira... -vacilé yo, cómo no, con voz sexy y atractiva



-Nene... -me susurró -no sabía que las lenguas limpiasen...

Sus pezones, empapados, se tersaron entre mis labios, y yo llevé una de sus manos hasta la parte de mi cuerpo que más la reclamaba... Sin importarle, sus dedos encontraron mi polla, la rodearon...

-Aunque, claro... -me miraba riendo -tenía que haber caído, si no lo hicieran, gastarías demasiado jabón para limpiar ese... ese...

Su mano agarró mi polla y comenzó a moverla, mientras ella se agachaba hasta quedar arrodillada ante él, quedando sus labios más cerca de mi placer que de cualquier otra cosa en el universo, y de su boca salió una mueca de sonrisa. Me miró.

-Tendré que ayudarte, no?

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Y así llegó el momento en el que mi mente decidía no hacerlo más largo y sus labios, húmedos, calientes, rodeaban mi glande para dejar que mi polla deslizase a continuación por su lengua y dándome a probar a la más espectacular de las Irainas. La Iraina desnuda, la Iraina mojada inundando mi cuerpo de ardor con sus labios y dedicándome una felación increíble. Me la estaba chupando...

Y fue entonces cuando lo sentí. Cuando sentí por primera vez el tremendo poder morboso de la boca de Iraina. Al imaginar sus labios en mi polla, me inundó un sentimiento de excitación, de bienestar, mientras sentía un pequeño “picor” en el glande calentándome y volviéndome loco. Era una sensación que había tenido de adolescente, cuando había comenzado a masturbarme, y que había olvidado mucho, muchísimo tiempo atrás. Dios mío, ¡Iraina!

El agua nos empapaba e Iraina, desnuda y arrodillada, recorría con sus labios mi pene y lo sorbía y lamía como si lo necesitase. Agua y saliva se fundían en su boca mientras mi corazón se aceleraba, mi mente desaparecía y mi cuerpo se abandonaba a la increíble experiencia vasca. Comenzó a frotarse las tetas con las manos, gimiendo. Su lengua me recorría, arriba y abajo, lamiendo mi miembro entero, mientras su mirada atacaba a la mía y me desarmaba. Aún parecía estar vacilándome. Llamándome “nene”, metiéndose conmigo. Mas de su boca no salían palabras de mofa. Su boca se centraba en saborear mi placer con ansia, con deleite. Le encantaba, le ponía, lo disfrutaba. “Mmmm...” me soltó deshaciéndose de mi pene para morderse un labio, recorrer mi polla con la lengua y regresar a su escandalosa mamada.

Mi orgasmo dio pronto muestras de acercarse. Ella lo notó y comenzó a besar con más y más ansia. Su mirada ya no me criticaba, sus ojos estaban cerrados, en cara de concentración, de disfrute. Llevó una de sus manos a su vagina mientras su boca aceleraba el movimiento, y sus tetas respondieron bailando y matándome de excitación mientras el agua seguía lloviendo sobre nuestros cuerpos.
No pude evitar correrme en su boca mientras ella seguía comiéndome la polla...

...y me maldije a continuación mientras el esperma saltaba sobre mi vientre. Me maldije por no haberlo hecho más largo. Desearía haber bebido más de esos pechos, me gustaría haber besado sus labios, joder, habérmela follado y oírla gritar de placer mientras se olvidaba de sus “prisas”. Pero estaba hecho. Y lo cierto es que había quedado satisfecho. Y relajado. Pronto descubriría que la definición exacta de mi estado era aún más potente.

Estaba... drogado. Drogado de Iraina.

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