jueves, 28 de octubre de 2010

Las Puertas del Cielo


Arrodillado, el joven monje se guardaba para consigo la peor de sus confesiones, y sor Ada podía leerlo en las expresiones de su compañero, mas no comprender por qué había de guardarse secreto alguno, cuando ambos dos eran humanos, hijos de Dios, imperfectos, como él los creo, sucios, mas por ello perdonados en su arrepentimiento.




Bien era verdad que una confesión para con una monja era algo no sacramental; y mucho menos a una novicia; Pero este tipo de actos eran habituales entre compañeros, en especial entre los más jóvenes. Si bien confesarse con una mujer de Dios  no constituía su perdón, sí que te otorgaba en muchas ocasiones consuelo, paz interior, y, desde luego, una amiga. Sor Ada tenía, además, un especial encanto: Sabía escuchar, empatizar, comprender, y nada le sorprendía, pues los caminos de Dios... solo Dios debe entenderlos. El hombre ha de vivirlos acorde a las lecciones sagradas, la vida de Jesucristo, y consciente de su impulcritud mas obligado al arrepentimiento. ¿Qué puede ser, hermano Dorian, lo que tanto te aflige?


-Dorian, sé que has venido a contarme algo, algo que te duele, que te quema, y de lo que te encuentras arrepentido. Pero de tu boca no surgen palabras que den forma al demonio que ahora mismo empapa tu alma. ¿Qué sucede? ¿Ya no puedes contar conmigo?
-Ada... es algo complicado.
-Lo sé. Mas no te duele lo complicado de su naturaleza. Es saber que el demonio lo carga lo que está acabando con tu siempre férrea resistencia, ¿no es así?
-Hermana... tú y la sabiduría de tu mente preclara... En efecto, es algo maligno lo que entorpece mi rectitud a ojos del Señor. Me siento sucio, marcado; tal vez castigado. ·Estoy atravesando por el momento más difícil de mi vida y... me temo que nuestro dios no se posicionaría, si yo hoy muriera, de mi lado.
-¡...Dorian!! Estás blasfemiando y desvariando por igual, en la confusión más completa que nunca te ha asediado. ¡Deja que salga! Bien sabes que es Dios quien te ha llevado hasta mis brazos, y si ahora murieras, lo harías cumpliendo su voluntad, así que no dejes de hacerlo y confiésate conmigo, monje iniciado. De sobra sabes que soy yo, Ada...

Dorian sonrió. Era cierto. Era Ada.

-Júrame que no me odiarás por esto.
-Es el acto el que castiga al ser humano, pero jamás su palabra ni pensamiento, sólo por haber errado. Así lo dicen las escrituras... Y yo, que no soy sino una humilde ignorante, con honor y servidumbre las acato. Además, la amistad que nos une bastaría por sí sola para que nada excepto nuestra fe pudiera separarnos... Puedes contar conmigo, Dorian.
-Muchas gracias, hermana.

Lo que habría de escuchar la sierva de Dios habría, en verdad, de dejarla impresionada. Dorian, como muchos monjes jóvenes, se enfrentaba a la sexualidad y el poder que la misma ejerce sobre el hombre. Hasta aquí nada era extraño, formaba parte de la rutina de una catedral, por desgracia. Era parte del camino. Lo que hirió los oídos de monja de la pobre Ada fue conocer las cotas de desesperación que el pobre confesado alcanzaba...

-Se dice que entre las monjas este problema no es tan grave... pero nosotros, los monjes más jóvenes, lo pasamos realmente mal y... bueno... algunos...
-... algunos...?
-...algunos experimentan su sexualidad entre ellos, hermana.
-¡No!!
-Adita... tú no sabes lo que se sufre. No conoces nuestras noches de angustia, nuestra obsesión continua, nuestra distancia hacia lo correcto. Muchos opinan que pecar así les compensa a la hora de, en su rutina, ser mejores cristianos. Y si el Señor lo ha dispuesto así, ¿quienes somos nosotros para contrariarlo?
-No, Dorian, no hablas en serio...
-No lo he probado nunca, hermana. Pero no creo que pueda aguantar mucho más.

Así, el joven monje habló a la novicia de sus noches sin sueño, del escaso control de su mente sobre su cuerpo, y también de un tremendo dolor de testículos que era ya casi continuo. En verdad estás siendo castigado por algo maligno, pensó la monja. Y no creo que merezcas tal tormento.
Sor Ada preguntó por cómo podía ser que dos monjes practicasen el sexo, estando ambos dotados de pene, e imaginando las cosas más estrafalarias. Dorian tuvo que hablarle de las felaciones, de las que algo había escuchado ya Adita, sin imaginar que tal cosa pudiese darse dentro de su propia catedral. Acostumbraba a aguantar inquebrantable las confesiones más sinceras, pero, en aquel momento, quedó trastocada.

-Pero Dorian... te conozco ya bien. Jamás me has ocultado nada en tus confesiones, y sé que eres un hombre de fe. Si conoces el camino, ¿cómo dudas del trayecto? Bien sabes que sólo Dios puede salvarte del tormento que acoges, y no tus actos. No trates de engañarle. Acógele con fuerza. Si tan grande es la prueba, quizás estés siendo probado. Quizás tengas un destino importante que cumplir, y vayas a necesitar de esta fuerza para afrontarlo.
-Pero esto no es vida, Adita... Si Dios nos ama, por qué nos fustiga así? ¿Por qué nos condena a precipitarnos sobre pensamientos tan... antinatura?
-Recuerda que su propio hijo fue sacrificado, hermano. Nada hay más duro que eso.
-No dirías lo mismo si conocieses mis lunas...
-Deja... deja que recapacite, Dorian. Tu problema en verdad me ha sobresaltado. ¿Podrás aguantar hasta mañana?
-Es más de un día lo que a mí me queda hasta lo que tú llamas mañana, pero lo intentaré. Gracias por escucharme, dulce Ada...
-Que Dios te bendiga por tu arrojo de valor para contármelo, hermano.


Y así se despidieron, sin poder cambiar de tema. Llegaría la noche, y sor Ada, intrépida, se aventuraría en la oscuridad de la catedral para conocer mejor la situación que atravesaban sus hermanos. No le costó. Pasando puerta por puerta, alcanzó a escuchar unos gemidos, y se atrevió a mirar por el ojo de la cerradura que los albergaba. Lo que encontró, sin ser sorpresa, consiguió sorprenderle. Tal y como Dorian le había contado, un monje se encontraba de pie. Junto a él, otro hermano, arrodillado. Ada quedó impactada por los cuerpos de aquellos chicos, que ella ya conocía de la vida en la catedral, pero que no se había imaginado tan moldeados. Se preguntaba si se debería a los trabajos de agricultura que realizaban... o si se cuidaban para complacerse más en sus momentos de agravio. El monje que se encontraba erguido gemía de más que comprensible placer, pero Adita quedó sorprendida por la actitud del arrodillado: Aferrado a la polla de su compañero, chupaba como si la salvación le esperara al otro lado y... lo disfrutaba. Desde luego que lo disfrutaba, se recreaba en su mamada. ¿Qué clase de voluntad del demonio podía ser responsable de corrupción semejante? Condenar tu alma... ¿por chupar un pene? Hermano Néstor... ¿qué te aliena? ¿cuanto tiempo llevarás haciendo esto sin que nadie en la comunidad haya sospechado nada?

La situación empeoró aún más. Desde el otro lado de la puerta, Ada, la pulcra e inocente Ada, sintió como nunca había sentido una subida de temperatura, mientras un calambre repentino la obligaba a aferrarse en la puerta: Se estaba excitando. Le excitaba ver aquellos cuerpos de hombre, el placer del sujeto pasivo, y aún más el del que estaba mamando. Y sentía que no era la curiosidad o el ansia de conocer lo que le mantenía mirando. ¿Estaría haciendo algo incorrecto con aquella escapada nocturna? ¿Serían aquellos sentimientos de castigo?


Algo estaba claro. Aquellos monjes se avocaban a una eternidad de torturas en el infierno por, según Dorian, ser buenos cristianos. No era justo. Quizás fuese Dios quien la había conducido después de todo. Quizás fuese Ada quien estaba destinada a salvarlos...

Fue después hasta la habitación de Dorian; la luz estaba encendida, sobresaliendo por debajo de su puerta. ¿Cómo no preguntarse qué habría al otro lado? Ada no podía evitar temerse lo peor: Encontrar a Dorian aferrado a algún otro monje, en aquel pecaminoso acto antinatura. Pero por fortuna, no fue lo que vio. Lo que se encontró fue a un amigo, a un buen cristiano, sufriendo por cumplir la voluntad de Dios. Al Dorian de siempre.

Estaba desnudo. Nervioso y agitado, paseaba por su celda. Entre sus piernas, su miembro en erección reclamaba una mujer, que no un hombre, y quién sabe qué pensamientos recorrían su mente. Con expresión de dolor en su cara, se masajeaba los testículos. Estaba sufriendo. Lo pasaba realmente mal. Fue más que suficiente para que Ada dejase atrás su sobreimpresión para volver a ser la Ada de siempre: La monja que escuchaba, comprendía, asentía y normalizaba. La chica con el don de saber mirar con los ojos de Dios. O eso se decía...

Se decía que los monjes no podían realizar prácticas antinaturales; lo natural es obra del Señor, y es hermoso. Mas habían de pasar por el celibato... Porque eran monjes, y habían de entregarse a Dios. El resultado, aquella monstruosidad que la misma Ada estaba observando mientras Dorian, su amigo y hermano, la padecía. ¿Qué había de natural en aquello? ¿Por qué no era natural responder a tu cuerpo y sí que lo era dejar que el mismo te llevase al borde de la locura? ¿Había diseñado realmente el Creador una tortura así para los más fieles de sus súbditos? ¿No era más lógico imaginar que las escrituras...? Se acercaba a la herejía, pero ¿no podían haber sido las escrituras mal interpretadas?

"Toc, toc" sonó la puerta.

¿Sí? -respondió el monje, sobresaltado
"Soy yo" -sonó la cálida voz de Ada
¿Ada? Dame un segundo...
Sé que estás desnudo, Dorian, te acabo de observar por la cerradura. No importa. De verdad, puedes abrir la puerta.
Pero...
Ábreme, por favor. Te lo ruego.

Le abrí, inseguro. Temí que pudiera estar acompañada, pero no lo estaba. Me miró con inquietud, cerrando la puerta tras de sí, y buscando mis ojos en una actitud tan segura como indecisa. "Siéntate", me pidió. Encantado, mi preciosa Ada.

Era una belleza. Rubia, esbelta, caliente. A veces me costaba pasar los ratos que compartíamos. Es muy duro ver una escultura semejante y recordar que te condenaría el mero hecho de recordarla con lascivia. Pero la deseaba, desde luego que la deseaba. La deseaba como deseaba el cielo. Y quizás sentirme así me alejase de esta meta tanto como ya lo estaba de compartir lecho con ella. Pero... era mi vida, y tendría que intentarlo.

Ada miró hacia la puerta cerrada a sus espaldas, y se volvió hacia mí.

-Has de prometerme que jamás le contarás a nadie lo que esta noche va a pasarte, a pasarnos, ¿de acuerdo?
-Pero Ada, sabes que no puedo prometerte eso. El sacramento de la confesión...
-No vas a cometer ningún pecado, ¿vale? Será la voluntad de Dios lo que estás por experimentar. Lo que experimentaremos ambos -dijo pensando en los monjes que acababa de ver practicando sexo oral.
-Pero... Eres tú, Ada... ¿Qué te traes entre manos?

Y entonces, Ada... se quitó su ropa! Su ropa de convento! Dios, no, Ada, pretendes matarme? Había determinación en su cara. Quedó desnuda ante mí. Creía que jamás vería a una mujer desnuda...
Su cuerpo era el de la perfección, la musa que los artistas buscaban, la prueba de que, si Dios es la criatura más bella que existe, no podía ser el hombre quien fue creado a su imagen y semejanza.

-No pretenderás que... que compartamos cama, no? -le interrumpí sin muchas razones para hacerlo.
-No, Dorian. Quiero respetar el celibato de ambos. Al menos esta noche. Tengo mucho que pensar. Pero no pienso marcharme de aquí abandonándote a tu suerte con tus demonios.

-...y qué harás, entonces?

La novicia me sorprendió entonces poniendo cara de picantona...



Me sonrió. Me sentó en mi cama.

...y se arrodilló ante mi polla. Yo me derretí. Si aquella era la prueba definitiva que mis creencias me imponían, hacía tiempo que la había fallado. Si por contra fuera una recompensa por los malos ratos sufridos... si aquella era la forma en que el señor recomensaba... entonces me moría por conocer su recompensa eterna. Sufrir una eternidad entera bien se merecía aquella experiencia.

La agarró, mirándola, insegura. Era una monja, tenía prohibido dar aquel paso. Y sí, allí estaba, desnuda, ante mí. Ada la responsable, la buena cristiana, mirando hacia el falo que se planteaba saborear. Se santiguó, y verla haciendo eso desnuda me calentó muchísimo. Pequeña novicia...

-Ada, si tú decides dar este paso, será cristiano el hacerlo. Eres tú. Eres Ada. Por favor, chúpamela...

Diría que se planteó el echarse atrás. Pero no lo hizo. La engulló. Se metió el pene entre sus labios en un gesto de determinación, y comenzó a mamarlo. Y, no sé por qué, sabía cómo hacerlo.

-Ada!!! -grité. Dios! Aquello era increíble! Era mágico! Bajé mis manos hasta sus tetas, de cuyo hechizo no podía escapar.

-Por favor... deja en paz mis senos. Quier hacer esto lo más sencillo posible. -me dijo contrariada, como si le molestase que lo disfrutara. Pero no importaba.

La sensación era maravillosa. Su lengua se paseaba por mi pene, volviéndome loco. Adita, entre mis piernas, me la chupaba con dedicación. Me miró, cómplice. Como diciendo "lo que hacemos está bien". Desde luego que lo estaba.

Un picor recorrió toda mi polla diciéndome que necesitaba más velocidad en el vaivén de Ada. "Por favor, hazlo un poco más rápido" le rogué. Obediente, su ritmo aceleró. Aquello me disparó: "Ada, trata de hacer que sienta más tu lengua" "Dame más saliva, Adita..." "Trata de dejar que tus labios resbalen sin despegarlos"
Sumisa, Ada obedecía mis peticiones con precisión, volviéndome majareta. Jamás hubiera esperado sentir sensación alguna en mi pene. Jamás lo hubiese imaginado tan dulce. Jamás me hubiese planteado el celibato de haberlo experimentado primero. Y aquí estás, Ada, corrigiendo mis errores. Mi polla estaba tan húmeda por su saliva que sus labios se desenvolvían con total libertad, patinando, provocando en mí sensaciones increíbles. Le ponía empeño, dedicación.

Sentí como el primer orgasmo de mi vida me inundaba. Mis manos se arrojaron a por sus tetas, sin que en esta ocasión me lo impidiera. Sigue chupándomela, Adita... Ella estaba tan guapa... tan sexy... tan entregada... chúpamela joder, no sé por qué una monja sabe hacer mamadas, pero es colosal, increíble, pensaba y reproducía en voz alta. Me volvía tan loco ver cómo se aferraba como su lengua la lamía, cómo sus labios la besaban...

El calor estalló y yo, sin saber que iba a hacerlo, me corrí. Ninguno de los dos lo esperábamos. La primera corrida inundó su boca, tras lo que intentó apartarse; en vano, quedó cubierta de esperma. Se rió un poco. Daba la sensación... sí... lo has disfrutado, Ada?

8 comentarios:

  1. Cautivada hasta el final!!!

    Me ha encantado el relato y los parlamentos entre ellos Uff!!

    Muy buena!!!

    Saludos!!

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  2. El poder del sexo no debe, ni debería conocer la vida monacal.
    Relato bello y profundo, como debéis ser vos.
    Un beso

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  3. Es tan perverso... me encanta!!!! Muy bueno!!

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  4. Hola,

    Estimado webmaster, visité tu web y me encantaria tenerte entre mis enlaces en mis webs amigas de mi pagina de Sexo. Y en algunos de mis blogs eróticos.

    Y por mi parte te pediría un enlace hacia mi web y asi beneficiar ambas webs con mas visitas.

    Espero tu Respuesta.

    Un cordial saludo

    aishbella@gmail.com

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  5. Pixie, Sandra, sois un placer de lectoras; Es muy agradable que gente como vosotras se interese en echar un ojo a mis relatos. No os cortéis en plantear críticas, no creo que corráis riesgo de dañar mi ego ni nada parecido ;) Muchas gracias por leerme, de verdad.

    También a Stelios, demasiado rápido me otorgas tamaños títulos, amigo. Soy un ser humano fascinado por lo natural, es sencillo sacarle jugo a un tema (la religión) donde la naturaleza (¿sexo? ¿no coital? ¿y homosexualidad?) ha sido tan mal interpretada.

    Por último, que no quede sin comentar que no estoy interesado en el intercambio de enlaces. No me importa enlazar a una página que me aporte algo, desde luego, pero sin necesidad de contraprestación, y menos por meras visitas. Tampoco que mis relatos se difundan en cualquier sitio web sin compensación; ni que merecieran derechos de autor, son fantasías al alcance de cualquiera.

    Gracias a todos, de verdad.

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  6. Siempre un gusto visitarte y esta vez para contarte que tienes un regalito en el blog!!

    Felicidades!!!

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  7. Seguramente lo disfrutó de lo lindo... en un morboso y deseado encuentro...
    Preciosa historia !!

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  8. hola, muy bueno el blog, me gustó tu relato. Espero sigas así y publiques más. Pásate por mi web de adultos http://www.bataclanas.com. Saludos

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