lunes, 11 de octubre de 2010

Cómo nunca llegué a ser un ángel - III

Textos anteriores: I y II


-III- 



“Mojito's Pub”, el garito donde mi cita me había enviado no era nada del otro mundo. Sí que estaba junto a la playa, que por la noche quedaba vacía y acogedora, pero su limpieza y su aspecto, bueno... dejaban que desear. El menú, grasiento a más no poder, culminaba el ambiente de seducción, definiéndolo como el lugar más antierótico al que me hayan invitado nunca. Para colmo, Raúl, el Cortado, llegaba tarde. Vaya una noche.



Mi ropa procedía del más valiente de mis armarios, se trataba de un vestido rojo, ajustado y de textura similar al látex, comprado en una tienda especializada en ropa para gogós. Tan atrevido que apenas me solía atrever a sacarlo por la calle, ahora tenía que aguantar a toda la clientela del bar, y aún más a su servicio, mirándome sin perder detalle. Los chicos de forma más disimulada, las chicas descaradamente... todos probablemente criticándome en lo que para mí no era más que una muestra de lo cínica que puede llegar a ser la gente. Sin sujetador, era el propio vestido el que se encargaba de sujetar mi escote. Se trataba básicamente de enseñarlo todo sin enseñar nada...

Pero coño, no esperaba que fuese a hacerlo para tanta gente joder!

-Disculpe, ¿le importaría que usara el baño?- pregunté a uno de los camareros con intención de esconderme allí mientras esperaba. Era el clásico mozo simple, no parecía demasiado espabilado, y llevaba ya rato sumándose al deporte de observarme del que en aquel local sabían tanto.
-N.. no, lo siento, solo para clientes -nervioso, quiso hacerse el interesante, rollo maitre o algo, sin que le saliera, y sin dejar de mirar hacia mis tetas, como si fuesen ellas las que se lo habían pedido, y ahora estuvieran discutiendo. Ni siquiera apartó la vista al terminar de hablarme.
-Mm.. bueno... no sé... Dame un segundo... -rectificó mientras miraba a ambos lados -anda corre, pasa al fondo, procura que no te vean mis compañeros vale?
-Gracias guapo -le recompensé agradecida por aquella ruta de escape mientras tomaba la dirección que me indicaba. "Buen trabajo, chicas", reí para mis adentros consciente de que mi talla de sujetador era la razón última de la decisión del camarero.

Una vez en el lavabo, me encendí un cigarro para llevarlo a mis labios. Siempre reconfortante, dulce tabaco, espero que no le moleste a mi cita de esta noche.
Con el canutillo en la boca, y como cada vez que fumaba delante de un espejo, me descubrí jugando sola a poner poses atractivas, elegantes, morritos... tonterías, cuando escuché que la puerta se abría, y decidí correr hacia un baño a encerrarme. Si algo pretendía, era estar sola.

La expresión de mi cara cambió cuando escuché que, quienfuera, cerraba la puerta... con llave!

-Em... disculpa? -aquella era la voz del camarero, que evidentemente sabía que yo seguía en el baño; Lo que me daba un poco de mal rollo.
-...¿Sí? -respondí sin creer que tuviese otra opción.
-Sí, hola... oye... perdona... quería preguntarte... -bueno, el tono no era malo, ¿pero qué coño querría? -cuánto sueles cobrar cuando... bueno, a tus clientes, ya sabes...
-A... mis clientes?

Dios, ese tío realmente había creído... que yo era una prostituta! Abrí la puerta.

-Oye... creo que te has confundido. No soy ninguna puta ni nada eh? Es solo un vestido ajustado...

-¿No? Venga ya, ¡claro que eres una puta!
-¿Disculpa?
-Por favor, mírate, y por esta zona, tienes que ser una puta!
-Pero serás gilipollas...??? -respondí ofendida mientras me iba hacia la puerta. Traté de abrirla, airada. Pero fue en vano, estaba cerrada con llave, claro.
-Vamos, nena...

El tío se atrevió a bajarse pantalones y calzoncillos, quedando su pene al aire. Cerdamente, empezó a acariciárselo y procedió a masturbarse para que quedase erecto, apuntándome. Cómo podían pasarme estas cosas a mí? Por dios...

-Escucha... no sé cuanto cobras... pero es que ese vestido me pone muchísimo, y aún no he conseguido que una nena me la chupe. Hoy he cobrado. Estoy dispuesto a dejarme el dinero que debería haberme gastado en putas todos estos años en esa experiencia. Es en serio... Joder nena, me pones tanto...
-Ya... ¿y de cuánto dinero estaríamos hablando?

¡Ana Mar! ¿A ti qué coño te importa? ¡Si es un idiota perdido! y, ¿recuerdas que no eras una puta? ¿Por qué coño has tenido que decir eso? Al chico, por supuesto, se le iluminó la cara...

-De doscientos euros...

¡Doscientos euros! ¡En verdad era una pasta!... Pero, por suerte o por desgracia, yo no quería dar ese paso.

-Lo... lo, lo siento, pero no soy puta... de verdad, por favor, ábreme la puerta...
-Está bien, cerda. Que sean trescientos...
-...Trescientos? ...Podría verlos?

¡Joder Ana Mar!

-Claro... -en efecto el chico se sacó de los pantalones caídos su cartera, y allí dentro había muchísimo dinero. Colocó seis billetes de cincuenta sobre el lavabo. Demasiado real. Hora de marcharse.
-Ya... lo siento, de verdad, pero no puedo hacer eso. En serio, me abres? -ahora le hablaba sin dejar de mirar hacia su pene. ¿Trescientos euros por una mamada? Aquello era una burrada... y yo se la había chupado a tíos más feos, sólo por divertirme... y a ese tío no se la habían chupado nunca...

-Vamos... chúpamela por favor... cómeme la polla... tienes que ser una puta...

...y no me convenía caerle mal al camarero que nos iba a servir... y no me estaba abriendo la puerta, y yo no quería pelea...

...podría practicar una última mamada antes de impresionar a mi cita...

y... me acerqué a él. Le miré. Me sentía nerviosa, como alienada.

Me arrodillé, sin dejar de mirarle. Serios, uno frente al otro, sin mediar palabra. Trescientos euros... Su pene, erecto, quedó justo a la altura de mis labios, que relamí con mi lengua, sexy. Seguía sin estar segura de querer dar aquel paso, cuando quizás ya no cupiera la marcha atrás. Sin querer decidirlo, me acababa de ofrecer a esa felación, no sé hasta qué punto planeada. Y aquello convertía el momento en algo muy, muy caliente...

-joooder, sí... -gimió el chaval que no dejaba de mirarme, incrédulo

Excitada, dejé que mi mano agarrara su polla. La moví. Me sentí sexy mientras lo hacía. Y poderosa. Trescientos eurazos, me sentía muy, muy poderosa. El chico se adelantó, para llevar su glande hasta mi boca, que no aparté. Acarició mis labios. Saqué un poco mi lengua para devolverle la caricia... y aquello me calentó, me excitó... pero, por alguna razón, no me salía engullir ese miembro, y la mamada no comenzaba...





Impaciente, mi "cliente" agarró mi cabeza y, sujetándola, introdujo su pene, suspirando, paseando por mi boca y llenándola de aquel pene. Hasta entonces algo en mí había dado el paso, pero no lo había considerado dado. Aquel momento lo cambió todo. No había forma de excusar que se la estuviera chupando, entre mis dos mejillas había un pene que me llenaba hasta la garganta. Y lo peor, la forma en que lo hizo me volvía loca. Lo lamí.

Su pelvis se decidió a bailar, follándose mi boca. Gemí ante el arrebato del chaval, diciéndome "estás enferma, Anita" al tiempo que me aferraba a la polla que se encontraba entre mis dientes y la chupaba, acompañando con mi cabeza el baile mientras una de mis manos la masturbaba. Decidí probar una vieja técnica, idea de mi hermanito que había vuelto locos a cuantos hombres la habían experimentado. Consistía en ensalivar bien la boca, envolviendo el pene, y dejar después sonar esa saliva en un continuo "chup, chup, chup...". Sabía que me dejaba como una zorra, como una puta de las felaciones; en aquel momento, esa barrera estaba ya traspasada, así que sería perfecto...

No tardó en comenzar a sonar... Chup... chup... chup, chup... y joder, sonaba excitante...

-Dios... sí... -alcanzó a murmurar el hombre que se escondía tras el falo -me la estás chupando... oh, me estás haciendo esa mamada... sí...!!!

Sí chaval. Estoy comiéndome tu polla por trescientos eurazos. Aún no sé cómo he caído en todo esto. También me tienes encerrada. De alguna forma, también me estás violando. Mientras no llegues mas lejos, es caliente...

Chup, chup, chup... Ese pene se deslizaba cada vez mejor a través de mis labios, que se estaban llenando de mi propia saliva. Acuérdate de usar bien la lengua, Anita. Tus labios le calientan, tu saliva le excita, pero es tu lengua lo que le derrite. Y tú sabes bien cómo derretir a un hombre... Y así llegó el equilibrio, una puta mamada increíble, o al menos a mí me lo estaba pareciendo, que hizo que las piernas del chico se tambaleasen... que su corrida se acercase... y yo me excitaba en mi propia mamada... estás siendo una puta, Anita... una maldita puta...

Pero no quería ser una puta.

Si el chico se corría, todo estaría hecho. Habría sido una prostituta aquella noche. Y... y... sabría a semen cuando besase al cortado que ya debía estar esperándome... y... dios... estaba mal...

Vi que sus llaves sobresalían del pantalon que estaba tirado en el suelo...

-Oh sigue... sigue zorra... cómemela, puta... sigue...!!!

Como si hubiese entendido lo contrario, la puta no siguió. No era una puta. Mi mamada se detuvo dejando al chaval allí a las puertas del cielo, separando su pene de mi lengua mientras un poco de saliva goteaba de la comisura de mis labios, saliva que me quité pronto con la mano. Me miró. Puso cara de espanto. Jaja, el pobre estaba gracioso. Comenzó a masturbarse, en vano. Después de lo que le había dado, no conseguía hacer nada él solito. Comenzó a farfullar y a medio llorar. Yo saqué las llaves de su pantalón y, sin que él luchara por evitarlo, abrí la puerta del baño para marchar en busca de la auténtica presa de la noche. Es un mundo cruel, lo siento. Y esos trescientos euros hubieran sido un buen trofeo...
 
Sí... la experiencia me había puesto a cien, era cierto... y la mamada me estaba excitando... desde luego...

Quizás me gustaría haberla terminado... dios... me estaba apeteciendo tanto esa corrida cuando te he cortado...

Haber sido una puta... joder, qué excitante... qué ocasión...

Definitivamente, tenía que haber dado el paso... un affair transformada en prostituta... terminar esa mamada... me apetecía probar ese semen... no podría explicarlo...!!!

 Qué guarra eres, Anita.

Volví a entrar en el baño. El camarero seguía tratando de sustituirme con su mano. Me miró. Le sonreí. Me acerqué. Una de mis rodillas se clavó en el suelo. La otra, obediente, la imitó. Mis labios se encontraron de nuevo ante su pene, que besaron. Me bajé los hombros del vestido, hasta dejar descubiertas mis tetas. Las mismas que lo habían seducido. El chico se seguía masturbando; todo terminará pronto, cliente mío. Espero que te haya merecido el dinero...

Volví a besar el miembro que me exigía más labios, lo ensalivé para envolverlo con mi boca, haciéndole dar gracias al cielo... Con mi lengua, bombeé... Y ahora no me importaba hacer por completo de zorra... Una puta, Anita... ¿Habría hecho Lu alguna vez aquello? ...Chup, chup... chup...

Una clienta entró entonces, no había reparado en volver a cerrar el baño con llave. Me encontró arrodillada, con mis tetas fuera, adherida aquella polla, en ese movimiento de cabeza bombeante. Me volví para mirarla. Fue torpe por mi parte.

-Joder, me corro, me corro!!! -gritó el camarero.

Joder Ana, claro que se corre, lo estabas notando, ¿quién te mandaba dejar de chupar? Si había una cosa que no deseaba, era que su semen me manchase la cara, y traté de evitarlo. Dirigí mis labios de nuevo a finalizar su trabajo. Demasiado tarde. Su corrida brotó desenfrenada saltando sobre mis párpados hasta que mis labios, como pudieron, consiguieron alcanzar aquel glande y dejar así que mi boca engulliese el resto. Un gran espectáculo para nuestra invitada... Torpe Anita, me dije con aquel semen resbalando por mi cara o escapando de mi boca...

Torpe y puta, Ana.

1 comentario:

  1. Vaya, sentí pena por el tipo!!!!

    Debo admitir que yo soy un poco más indulgente, si el chico estuviera guapo igual y no lo cacheteaba y le concedía su deseo, pero meh!... uno nunca sabe que hacer, sólo Ana!!

    Me gustó!

    Saluditos!

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