martes, 12 de octubre de 2010

Cómo nunca llegué a ser un ángel -IV-

Textos anteriores: I y II, III

-IV-


Tras un rato enjuagando mi boca y limpiando mi cara, me sentí extraña. ¿Qué había hecho? Un sabor agrio había quedado atrapado en mi garganta. Y la noche aún no había comenzado...



Por fin, Raúl apareció, y aquello consiguió, inesperadamente y por difícil que fuera, terminar de amargarme la jodida velada. Su ropa era ajustada, algo que le quedaba muy bien (su cuerpo era auténtica carne) pero entre su polo de color rosita (jamás lo entenderé), su pelo mal engominado y, atención, ¡gafas de sol en mitad de la noche!, la líbido cayó por los suelos.
Me pregunté si lo estaba haciendo bien. Si aquello sería un buen paso. Yo sólo quería dar placer a este tío para impresionar al escritor... ¿Estaría llevándome al catre al mayor pringao de la pandilla y perdiendo imagen ante el resto? Sinceramente, no me convenía nada hacer eso... ni me apetecía tampoco, qué coño.

Sin embargo, recordé por qué mi cita era con el cortado. Era el escritor quien lo había elaborado todo. Quien había animado la maniobra, escrito las calientes palabras, acompañado a su amigo en el ataque. Sí, aquello le importaba... No sé. Qué coño, el plan era el plan. Y el cortado tenía un cuerpazo; si el maromo de la noche pasada me lo había hecho pasar tan bien, pues esta noche la diversión estaba asegurada, no? Además, sin un poco de buen sexo tras el desafortunado affair con el camarero, igual hasta se me quitaban las ganas y pasaba a formar parte del club de secas que mis amigas tenían montado... Raúl, Raulito, ya puedes ser un amante de los que merecen la pena, porque esta ardiente súcubo está llegando al límite de su paciencia.

-Hola- me dijo en un tono algo apagado -qué... ¿qué tal y eso?-

¿Qué tal y eso? Jaja. Pobre. Eres realmente cortado ah?

-Aquí- le respondí un poco de forma desenfadada -admirando el romanticismo del lugar al que me traes a cenar y tal-

No pilló el tono. Tendré que resignarme a borrar la ironía del vocabulario de esta noche...

-Oye- le dije, cogiendo el timón, antes de que se hundiera un barco que acababa de zarpar y comenzaba a hacer aguas -¿qué te parece si dejamos lo de la cena y nos vamos a dar un paseo por la playa? Tan vacía y tal... está una noche romántica. No sé... ¡Realmente me apetece! Eso sí sería una cita romántica!

(Y me alejaría del camarero que acaba de correrse en mi lengua, y de la chica que ha presenciado el espectáculo...)

-Pero... bueno...- farfulló él, poco convencido -me parece bien eh? Pero... tenía una mesa reservada, no sé...

Puaf... Seguro que para estas alturas de la noche Lucía ya se encontraba en algún baño público follándose a lo loco a algún desconocido con un cuerpo de impresión. Debo de ser idiota... Así que me puse dura.

-Mira, cariño, hacemos esto... te olvidas de que habías reservado una mesa en este antro, me acompañas en un paseo por la playa, y quizás folles esta noche, de acuerdo? -sonreí. ¿Pillaría la ironía esta vez?

Paralizado, no me llegó a responder. Le cogí la mano, dejé de sonreir, y lo arrastré fuera de aquel asqueroso lugar.



Una vez en la playa, por fin cambió el tono de la cita. El tío era tranquilo, agradable, su voz era bastante bonita. Seguía haciendo honores a su mote, “el cortado”, pero casi mejor. Necesitaba un poco de comodidad. Hablamos de mil cosas tontas, lo maleducados que son muchos turistas por lo asquerosa que habían dejado la playa, el buen tiempo, lo mucho que nos importaba el cambio climático, etc. Luego empezó a contarme que él y sus amigos practicaban surf, parecen majos tus amigos, argumenté buscando algo de información, sí bueno, un poco macarras y eso, dijo él, ¿macarras? No seréis muy macarras si me escribiste un mensaje tan bonito... ¿Te gustó? Pues claro que me gustó, tonto, ¿no ves que a unas horas de ese mensaje estoy a solas contigo en esta romántica playa? Sí bueno, supongo que sí, respondió ruborizado.

-La verdad...- dijo entonces -tenía miedo de que no te gustase, más que nada por el de tu amiga, que seguro que era mejor...
-¿El de mi amiga?- respondí perpleja.
-Sí... vaya... no sé, Ángel siempre ha escrito muy bien...

¿?

No. No puede ser. Socorro.

-¿Qu... quién es Ángel?- pregunté, evidentemente asustada
-Joe, pos mi amigo, el que le dejó el papelito a Lucía...

¡Puta zorra desgraciada!

-Pero... ¿te refieres al chico con novia?
-Sí, sí, claro, joe, Ángel. ¿Es que tu amiga no te ha contado nada?
-Bueno... sí... algo me ha contado, pero no te creas que mucho... sabes, como íbamos borrachas y apenas nos hemos visto desde entonces... -(mentí)
-Ah, ya... Bueno, Ángel le escribió aquello a tu amiga por mí, que soy un poco tímido, y me daba cosa entraros... ya sabes... si era capaz de hacerlo él, que tiene novia y tal, pues me demostraba un poco que no importaba...
-Ajá, qué mono... oye, ¿y cómo es que me dejaste el papelito a mí? ¿No te gustaba también Lucía?
-Bueno...- dijo mirando hacia otro lado -me gustabas más tú...

Sentí algo de calor en mi interior. Un calor inesperado. La sonrisa que surgió esta vez fue agradablemente sincera.

Allí, a la orilla del mar, la brisa nos refrescaba y la marea, calmada, azotaba vez tras vez a la orilla. Era romántico.

-¿Oye... te atreverías a meterte al agua?- le desafié -me... bueno, me resultaste muy atractivo en el mar.- mi voz sonaba cómplice. No sé, aquel chico me estaba gustando un poco, y todo.
-Pero... si estoy vestido...
-Vamos hombre, la vida está para vivirla, chico cortado. Date un baño para mí...

Le cogí la cabeza. Un pequeño beso juntó nuestras bocas. Pequeño, pero húmedo. Agradecí que no se percatase de lo último que habían tocado mis labios y le guié un ojo.

-Me gusta recompensar a los hombres que hacen cosas que me gustan...- susurré con mirada tierna.
-Claro...- respondió, no muy convencido.

Le besé en la mejilla. Comenzó a quitarse la ropa. Una vez en calzoncillos le dije, casi más como amiga que como amante, que tenía un cuerpo tremendo. Me lo agradeció, y se echó al agua. Pobre infeliz...


Acto seguido, cogí su ropa. Su móvil. Había varios Ángel en su agenda, pero uno en concreto aparecía con el mote de “el escritor”. Cómo no. Anoté su número. Sus pantalones también guardaban una pequeña petaca rellena del líquido que me había emborrachado en la playa. La llevé hasta mis labios, y alcé la cabeza para beber. Lucía, eres una puta. Una puta que de nuevo me lleva ventaja. ¿Cómo pudiste no decirme nada? Pero esta vez no dejaré que te salgas con la tuya. Ese escritor es el hombre de mis sueños. Lo siento, pero voy a llegar hasta el final, y si tiene que haber guerra...

...la habrá.

Raúl estaba saliendo del agua. Despeinado, sin ropa, sin gafas de sol, mojado y en calzoncillos, se convertía en un chico bastante caliente. Un Clark Kent transformado en Superman, ¡qué bien! Le miré. Eché otro trago de su petaca...

Le miré, desafiante. El quedó quieto, contemplándome. Pasé un dedo por mis labios, y lo mordí ligeramente, calentándole. Siguió admirándome...

Me quité calmadamente mi vestido y me lancé a por él, a besarle sin mediar palabra. Allí, a la orilla del mar. El cortado, que parecía no explicarse nada, se limitó a devolverme el beso. Una chica desnuda te abraza y te besa en una noche de playa a la orilla del mar, ¿y ni siquiera te dignas a, yo qué sé, meterle mano, sobarla, acariciarla? ¿qué clase de hombre eres tú? ¿te suena la palabra pasión? Me sentí un poco desgraciada... “Sigue con el plan, Anita” pensé para mis adentros.

Lo tumbé sobre la arena y me recosté encima suyo. Con mi boca cerca de sus ojos, le susurré:

-Cariño... no sé por qué, pero me vuelves loca... me gustas mucho... y no sé si tendré otra ocasión tan romántica para.. no sé... me gustaría hacerte feliz esta noche...

Su respiración se aceleró.

-Me gustaría... me gustaría que me recordases como fantasía... como a un ángel... como a un sueño... quiero que me desees, quiero que me toques, que me beses... quiero acariciarte y entregarme a ti... no es que suela hacer esto pero, ver tu cuerpo saliendo del mar en una noche ta romántica... eres caliente, nene... quiero follarte, cariño. Follarte como nunca...

El chico estaba nervioso, me miraba, miraba hacia todas partes, pero apenas se movía. Lo tenía todo, estábamos solos, en una playa vacía, se estaba tirando a una desconocida, a una desconocida que además era un auténtico bombón, joder, y nada, debía de ser de sangre fría, porque no reaccionaba... Metí la mano en sus calzoncillos. Premio, allí estaba... su pene, ardiendo, concentrando toda la capacidad sexual de mi amante en su erección. Él cerró los ojos.

Me estaba poniendo nerviosa. No sé, no terminaba de encontrar el punto. El feeling. Y aquello me importaba mucho. Jodido cortado, ¿ahora vas a estropearme la noche? Por un chico que se fija en mí en vez de en Lucía, ¿tiene que ser un chico que no sabe follar? Empecé a impacientarme... ¿Puede que lo hayas hecho demasiado rápido, Anita? Coño, ¿pero es que este tío no es un hombre? ¿No les gusta así?

Le bajé los calzoncillos. Estuve a punto de entregarme a otra felación, pero no me apetecía mucho y, visto lo visto, el chico no daría muestra de expresión hasta correrse. Ni de coña. Completamente incapaz, coloqué su pene en la entrada de mi vagina para probar a ver si follando el calor de mi cuerpo conseguía activarle... y me miraba... y no reaccionaba...

Utilicé aquel falo para acariciarme, para masturbarme... Me pegué a él... Me froté con él... Dejé que su pene se introdujese en mi cuerpo... Ya me estás follando, chaval, te estás follando a tu cita...

...Pero nada. Él cerraba los ojos, miraba hacia atrás, ponía cara de concentración, pero no hacía nada. Ahí me tenía, encima suyo, sintiendo cómo entraba y salía de mí mientras mi cuerpo montaba el suyo, sin gran efecto. Comencé a sentir ganas de llorar.

Se corrió. Se corrió antes de lo imaginable. Se corrió dentro mío como si no pudiera importarme. Me estaba arruinando el plan. Bajé hasta su pene y comencé a mamársela. No quería que la noche acabara tan pronto, y sabía que era la única forma de despertar aquello una vez se considera satisfecho. Recuerda la técnica, Anita... la envolví con mis labios, la unté con mi lengua... chup, chup, chup... Era un pene grande... Algo es algo. El chico (hombre, si hay alguien ahí...!) gimió un poco. Bueno, al menos eres capaz de aguantar más de un orgasmo... Así que allí estaba, de nuevo chupando una polla que no era la deseada para no recibir más reacción que la que me ofrecería un puto cadáver. Hacía que me sintiera fuera. Como quien friega su casa, como un copiloto de coche, mi mente quería pensar en otras cosas, sin tener en qué concentrarse. No me sentía en el sexo.

-A.. Ana...- dijo su voz desde las alturas -¿de verdad quieres hacerme feliz?-

¿Qué? Uf... aquello me sonaba demasiado mal. Pero el plan era el plan, pensé... ¿Desde cuando las cosas tienes que ser fáciles?

-Desde luego...- respondí con la voz más sexy que me podía permitir. Volví a meter su polla en mi boca mientras me hablaba.

-Te... te importaría que te diera por... bueno... por...

Joder, algo me lo había dicho, pero no me lo creía. Sospechaba como terminaba esa frase...

-...culo?- dije completándole mientras mis temores se fraguaban en dura realidad. ¿Será el karma respondiendo duramente por mi desliz como prostituta? ¿Serían los trescientos euros que llevaba en el bolso?
-S..Sí... dios, por favor, sí...

Nunca lo había hecho nadie. Nadie me lo había llegado a pedir, y a mí no me había llegado a apetecer. Sólo una de las condiciones cambiaban ahora. Manda narices que seas tú, el cortado, el muerto al que mis mejores cartas no han conseguido despertar, el que me lo pida. Y mi mil veces desgraciado plan me obliga a ponerme a cuatro patas delante tuyo, a sonreirte ocultando un poco de miedo, y a responderte con voz picantona:

-Sírvete, vaquero...- mientras contoneo mis caderas para convertir ese ano en algo aún más apetecible de lo que ya debe resultarte.

Inmediatamente, Raúl se arrodilló detrás de mí y comenzó a sobarme. A sobarme por doquier. El culo, las caderas, las tetas... ¿Tanto te pone, cortadito? ¿Es esto lo único que activa tu sangre? Mientras tanto, yo preparaba mis mejores dotes interpretativas mientras rezaba porque aquello no doliese demasiado.

Sacó un pequeño botecito de sus pantalones. Era vaselina. El cabrón llevaba vaselina encima. Comenzó a untármela embaucado por mi pequeño agujero. Después, me lanzó su petaca.

-Te gustará más si te terminas eso- se atrevió a decir. Como prefieras, me lo metí de un trago. Serás capullo...

Comenzó a meter su pene entre mis deliciosas nalgas, poco a poco. Por lo menos tenía técnica en eso. Me pregunto, Raúl, qué clase de trauma te llevó a que te gustase tanto el sexo anal. Estoy convencida de que alguna novia o exnovia te ha ayudado a no hacer demasiado daño. O tal vez novio, visto lo visto...

-Oh... joder...- gimió su voz. Y es que lo peor de todo era lo caliente que se había vuelto para él la noche de repente. En mi interior, aburrida, no tardó en asediar mi cabeza la imagen de Lu tirándose al escritor. Quizás lo estuviera haciendo en ese mismo momento. Más ganas de llorar me atacaron. De nuevo, como respuesta, comencé a gemir y a dar pequeñas muestras de placer. Pese al alcohol y la vaselina, me estaba haciendo algo de daño. Mi vida es una mierda, pensé para mis adentros mientras, una bonita noche, a la luz de la luna y en la romanticidad de la playa, un virus se introducía en mí con, eso sí, buena técnica.

El cortado fue dilatándome el culo hasta metérmela entera. El tío estaba calientísimo. Dios mío, ¿tenías el ano virgen? Me preguntó sin cortarse. Lo estaba guardando para un hombre de verdad, respondí sin mentir. Comenzó a darle ritmo Y la verdad es que lo hacía bien. Quizás en otro contexto, yo lo estaría gozando. Pero no lo hacía. Sólo disponía la virginidad de mi ano a placer de aquel individuo mientras fingía que me gustaba. Ya puedes contarle esto al escritor, capullo. Estás haciéndote con una virginidad que quizás con él hubiera sido inolvidable.

-Joder, cómo te bailan las tetas! Oh, joder, joder!- dijo ante el bamboleo con que éstas respondían a sus embestidas... ¿Ahora me vienes con las tetas? Córrete ya, tío raro, por favor. Esto me escocerá mañana, sabes?

-Oh, mi culo... sí... -gemí

-Sí, sí, sí, deja que te de por culo, deja que te de por culo!! Joder, te la estoy metiendo por el puto culo, sí!!!-

Wow, enhorabuena, veo que tienes un gran dominio del lenguaje, Raulito... y yo te tengo que seguir el juego:

-Oh, sí, dame por culo cariño, dame por culo, socorro joder, me gusta, me encanta!!!- simulaba yo gritar desconsolada. Gemía como una loca. En algunas ocasiones, había empezado así y había terminado disfrutando de verdad. Pero no iba a ser el caso.
-Sí dame tu culo!!! Sí Lucía, sí, sigue, sigue!!!-

Sentí como el corazón se me hacía pedazos, y respondí.

-Oh sí, imagina que le estás dando por culo a Lucía, que le estás dando por culo a mi amiga, que le rompes el culo, y métemela, métemela, métemela!!!-

Una pareja de novios pasó por delante nuestro. Genial, testigos del momento más triste de mi vida desde que mi hermano me grabase en vídeo y lo colgara en internet. Les mostré mis dos preciosos dedos medios mientras se iban a paso apresurado.

Raúl se recostó sobre mí y comenzó a sobar mis pechos, sus embestidas aumentaban el ritmo, yo era Lucía, comenzábamos a sudar, y nada tenía sentido. Cómo estaba disfrutando el muy imbécil mientras me daba más y más por detrás.

Entonces la sacó, me subió para arrodillarme y me la metió violentamente en la boca mientras se corría. “Lucía...” murmuró... Yo me aferré a su pene, le miré de forma lasciva y le sonreí. Lamí hasta cerciorarme de que aquel glande no expulsaría más semen.

Extasiado, me miró. Me sonrió. Yo le sonreí. “Dios, eres un auténtico hombre”, le mentí.

Socorro. De vuelta al hotel, pasamos por el Mojito”s Pub. Mi íntimo camarero se había quedado limpiando las mesas.

-Déjame aquí, he quedado con una amiga. Espero que te lo hayas pasado bien... -le vacilé sin perder la compostura. El culo me dolía. Frustrante...

-S.. sí claro... ¿volveremos a vernos? -él, por su parte, volvía a ejercer de cortado.
-Desde luego... -le sonreí.

Cuando por fin se marchó, me metí en el bar, para sobresalto del camarero, que comprobé se encontraba solo. Saqué los trescientos euros de mi bolso, y se los devolví, esperando que a mi karma le llegara la señal. Por si no era suficiente, desabroché la cremallera de su pantalón y, de nuevo, se la comí. Le ofrecí sexo, pero me decepcionó pidiéndome que, por favor, no dejase de chupársela. Dicho y hecho, sobredosis de esperma que me estaba asqueando.


Al volver al hotel, me sentía deprimida, destrozada. ¿Qué estás haciendo, Ana? El sexo... empezaba a sentarme raro. Mi tripa estaba revuelta. Mi alma, rota.

Sin saber muy bien por qué, entré en la habitación de Lucía. Estaba vacía. Me deshice de mi vestido, que me hacía sentir como una guarra, pero no quería andar con mis pechos desnudos, y alcancé uno de los sujetadores de mi amiga. Cómo no, me quedaba grande.

Socorro. Me eché sobre su cama. Sobre la cama de mi amiga. Dejé que la frustración me invadiera...

Y lloré hasta quedar dormida y desconsolada. ¿Ángel, por qué me dejas así? ¿Por qué... por qué no vienes... y me rescatas?

7 comentarios:

  1. mmm no me calento mucho.. pero sigue asi!!

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  2. Siempre es bueno ser ángel y otra diablo, pero siempre tú y saber el momento de la transformación.
    Es bello ser duable.
    Un beso

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  3. Gracias por comentar!

    Vio, todos mis relatos son de escritor principiante... y éste, en concreto, probablemente el peor. Mas a veces uno es víctima de sus obras, y si quería continuar la saga, me faltaba inspiración para reescribirlo y no encontraba cabida a sustituirlo, por lo que he de cargar con mis errores, no? Me pregunto si tal cosa le habrá pasado a mucha gente...

    Nos leemos.

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  4. A mi me gustó.. Quiero saber que va a pasar.. Dale continúa..


    Sea como sea. Nuestras historias son como nuestros hijos.. Malos o buenos, feos o bonitos, son nuestros y los queremos igual...

    Saludos!!

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  5. De hecho, también es conocido el "síndrome de la inspiración enrarecida", que hace que en un momento creas que lo que escribes es magia, y al releerlo... en fin...

    En alguna ocasión, también pasa lo contrario. Quién sabe nada. Mientras uno disfrute al escribir, ¿qué importa?

    Gracias por el ánimo Sandra ;)

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  6. muy bien vance!!

    Ahh ahora soy tu seguidor y tambien te tengo en mis favoritos para mi blog MI PASIÓN OCULTA.

    Espero que también me dejes en tus favoritos.

    Felicitaciones y sigue con tus relatos!!

    Atentamente: Vanelino.

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