sábado, 11 de junio de 2011

El pecado original


Laura era apenas mayor de edad. Una cría mimada más con ganas de ser rebelde, aunque a veces su inteligencia y arrojo asustaran. O... eso acostumbraba yo a pensar; Quizás no fuesen su inteligencia y arrojo. Tal vez eran sus labios, sus ojos, lo sexy de sus maneras y su cuerpo de mujer los que hacían que hablar con Laurita te dejase, no sé, intimidado.


Qué más daba, el caso es que era mi alumna, y sería además la chica que habría de condenar, por siempre, mi concepto de la determinación humana.

-Javi... ¿tú qué tal me ves?


Eran unas clases particulares. En su habitación. A mis 36 años, había trabajado para sus padres en otras ocasiones, y confiaban seriamente en mí. Claro, que también confiaban en la niña...

-¿Cómo te voy a ver? Bastante mal, Laura. El examen es mañana. Y tú, chica de costumbres, apareces hoy aquí sin haber estudiado nada... -le reprendí.
-Joe, no hablaba del examen -bufó ella demostrando que la prueba no le quitaba el sueño -decía... como mujer, ya sabes. ¿Cómo me ves? -insistió levantándose y dando una vuelta de tinte sutil.


La pregunta me impactó más de lo debido; no era nada en lo que no hubiera reflexionado ya antes. Pasa que te veo como un queso, Laura, como un trozo de pan dulce y caliente deseando ser untado, pero eres mi alumna, ¿sabes? Y, pese a que también de cabeza estés más desarrollada que muchas de las que tienen el título de mujeres adultas, no dejas de ser una niña. Una niña a la que tendría que ver así, como una niña. No como a la mujer que, de facto, estás hecha.

Vestía un generoso escote, siempre un voluminoso escote, del que se hubiera avergonzado en la universidad, en camisetas de tirantes que no conocían de frío o calor, y que marcaban siempre su sujetador con una definición casi insultante a ojos de quien no pretendiera notarlo.


"¿Cómo me ves?"

Debería haberle respondido con una sonrisa. Con un convencido "me temo que eso tendrás que dejarlo en manos de gente de tu edad, mi papel aquí es conseguir que estudies". Sí, aquello hubiera bastado. Mas la cabeza juega malas pasadas y, como pocas mujeres, Laura... me intimidaba.

-Pues... bastante bien -respondí nervioso, arrepintiéndome al instante -no sé...
-¿Bastante bien en plan "no estás mal"? ¿O bastante bien en plan "me pones bastante"?

Vaya, joder con la boquita de la cría.

-En plan ninguno, déjalo ya, Laura. Tienes un examen que estudiar, ¿recuerdas?
-Sí, ya lo sé, el examen... -resopló asqueada.


Las cosas, a partir de entonces, parecieron volver a su cauce, pero jamás terminaron de hacerlo. Fuera nuestra relación un río, su caudal estaba desbordado. En parte por mí: Quizás fuera una idiotez, pero ahora me costaba más no fijarme en aquella belleza, por mal que me pareciera. El placer con una chica casi menor siempre me ha parecido algo... rastrero, aprovechado. Igual que había renegado a acostarme con amigas en sus momentos de debilidad, las chicas tan jóvenes viven inmersas en la confusión, en una época que recordarán para siempre, y en la que tú no pintas nada; una mancha desluciendo belleza; no, no es tu sitio, Javi. Mas, mientras no llegase a tocarla, tampoco hacía ningún mal, ¿no? Es decir, esa chica, por la calle, aparentaba más que algunas de mis adultas conocidas... ¿Qué tenía de malo fijarme un poco en ella?



Por su parte, Laura se mostraba más activa en conseguir llevar las cosas a otro nivel. Pequeña Carolina, se agachaba constantemente, haciendo que su camiseta colgase y dejándome sus pechos prácticamente a la vista, costándome rechazar tal regalo o al menos disimularlo; acercándose a mí al hablar, desprendiendo calor y perfume, poniendo sus casuales poses sexys... y con ropas cada vez más provocativas, habiéndose convertido la minifalda ceñida en su uniforme habitual. Sus piernas, por supuesto, eran fantásticas y, si bien menos atractivas que sus ojos, sus labios o sus pechos, la vista se dejaba agradecer en la fantástica piel que conformaba sus muslos y que se convertía, más allá de la luz, en nalga de mujer. Increíble. Excitante.

Pasamos tres clases moviendo nuestras fichas, cada uno lo mejor posible, yo queriendo evitarla hasta un punto que desconocía, ella queriendo jugar hasta un punto que tampoco podía tener claro, y bando atacante derrotando por instantes al bando defensor. No sería hasta esa tercera clase cuando la imponente reina de corazones lanzaría un primer y agresivo jaque. Al peón.


-Oye, Javi... ¿podrías enseñarme algo? -bufó, aburrida entre sus estudios, ofendiéndome.
-Vaya -intercedí entendiendo su desidia como una crítica a mi trabajo -¿es que acaso no te estoy enseñando nada?
-No, no, tonto, no me refiero a eso, tonto. Quisiera aprender algo más... algo más concreto, ¿sabes?
-¿Algo más concreto que las ciencias exactas? ¿Como qué? No sé, creo que no te sigo...
-Javi, con confianza... no te cortes, ¿vale? ¿podrías decirme cómo... cómo se chupa una polla?

¿Pero...?

-¿...QUÉ? -respondí atónito
-Bueno, es que... hay un chico por el que estoy interesada... uno de mi edad digo... y, no sé, quizás si pudiera impresionarle así...
-La..Laura, ¿te estás escuchando?
-Ya, ya, vale chico, perdona. Creí que no te importaría hablarme algo de sexo, ¡ni que fuera esto el colegio!

Algo se le iluminó en la cara tras decirme aquello.

-Y... ¿Por qué te importa tanto hablarme de estas cosas? ¿Es que te gusto? ¿Te inquieta hablarme de temas de sexo? -incidió, sonriendo.
-¿Cómo vas a gustarme? Laura, ¡eres una cría! -me revolví yo cortándole, atónito e indeciso a partes iguales.
-Ya, ¿y por qué ibas a ponerte de esa manera si no? Jaja, ¡claro que sí, te gusto!
-Laura, Laura, escúchame. No me gustas, por supuesto que no me gustas, y tus padres me han pagado por darte una clase que estamos perdiendo. Saca los libros, anda.
-Tú también me gustas, Javi...

Aquella cría iba a volverme loco. Se mordió el labio inferior, vacilándome, y demostrándome la cantidad de horas que había pasado practicando poses atractivas ante el espejo, con éxito. Laura, estás... ¿jugando?

-Te gustan mis tetas, ¿verdad? -soltó la muy maldita acariciándoselas por encima de la camiseta -me gusta que te gusten, Javi... yo las quisiera aún más grandes... pero sé que están bastante bien...-quedó callada un rato, mirándome en aquella postura vacilante, hasta decir resuelta -¿quieres verlas?
-Laura, en serio, deja todo esto ya -le corté con tono amargo mientras hacía que me ponía a anotar cosas en mi cuaderno. Pero ella se quitó la camiseta y, no contenta con ello, desabrochó su sujetador, dejándolo caer. Dejando, en cuestión de segundos, sus tetas desnudas al alcance de mi mirada.
-Dime la verdad, Javi -repitió buscando mi mirada al tiempo que sus manos buscaban esas dos perlas preciosas -¿te gustan?

Y vaya si me gustaban. Eso no eran pechos, eran jugosos melones, dulces sandías, eran impresionantes, increíbles. Preciosas. Calientes. Sensuales.

-Laura, por favor, ponte inmediatamente la camiseta, o llamaré a tu madre -me estás poniendo muy nervioso, Laurita.
-Son bonitas, ¿verdad? -jugueteó a modo de única respuesta mientras las juntaba con sus brazos, haciéndolas resaltar.
-Mira, lo siento, pero no puedo con esto. Me v... -

"voy". Mas ella se lanzó sobre mí, besándome, sin dejar que me escapase. Dulce. Excitante. No se puede decir que yo le devolviera el beso. Tampoco que se lo rechazara. Sentándose sobre mis piernas, sus labios se enamoraron de los míos, y su lengua salió a pasear. Dios mío, socorro. Apenas recordaba cómo eran los besos en la adolescencia. Esos besos que, pese a dar menos calor... eran mucho más calientes. De inmediato, se despegó de mi boca y me plantó sus tetas desnudas en la cara. Era demasiado. Ya no podía resistirme a responder, a probarlas. Se las besé. Laura... Se las lamí. Las saboreé. Y aún ahora, con todas las consecuencias, me cuesta arrepentirme. La chica había conseguido desatarme. Estaba... embelesado, hundiéndome en la tersura de unos pechos suaves, libres, deliciosos, mientras mi saliva se dejaba abandonar entre sus tersos pezones, que ella apretaba en mi boca con fuerza, acariciándose.

-Oh dios, sí... qué bien... -susurró mi alumna -Javi...

Una sonrisa inundó de nuevo su boca, y volvió a hablar del chico que no sabía lo que estaba por gozar.



-Entonces, Javi... -murmuró en un tono bajo -cuando le chupe la polla... a ese chico... ¿da más morbo vestida o desnuda?
-Desnuda -le respondí sin apenas dejar de lamerla, sin cortarme.
-Gracias... -sonrió de nuevo, y gimió un poco, volviendo a empujar sus tetas contra mi lengua.
-Y cuando se la esté mamando... me la meto entera... ¿o no hace falta?
-No hace falta... -respondí, empezando a cobrar la noción de la realidad. ¿Pero qué estaba haciendo?
-Y, oye... ¿me pinto los labios? ¿o no? ¿la pintura más seca, o quizás no le importe que le deje... una marca?

Joder. ¡Joder! Tanta desinhibición me devolvió el sentido del ridículo.

-Por dios, Laura... -me puse serio, despegándome de aquel manjar que me había perturbado -¿qué coño me pasa? Lo siento, pero debo marcharme a casa.
-No... pero... Javiii... -se quejó mientras, efectivamente, yo recogía mi cuaderno, me ponía mi chaqueta, y me marchaba.

Su madre estaba en la cocina. Salió a despedirme.

-¿Ya te vas, Javier? ¿Tan pronto?
-Sí, hoy la chica estaba especialmente inspirada -solté con sagacidad.
-Bueno, pues nada, nos vemos la semana que viene entonces no?
-Por supuesto.

Para eso me pagaban.

Laura, vestida, apareció justo cuando me marchaba. "Oye, entonces eso, ¿mejor lo llevo pintado o sin pintar?". Por todos los cielos, Laura... "pintado" le respondí asfixiado, mientras su madre imagino se preguntaba qué coño tenía que pintar una chica de la edad de Laura "no conozco a nadie a quien le moleste pintado, más bien al contrario. No importa que manches un poco". Toma dosis de respuesta, de perdidos al río, pensé para mis adentros.


La semana pasó. En mi cabeza, las cosas se distorsionaron. Necesitaba tranquilizarme.
De algún modo conseguí maquillar el recuerdo y me inventé que la había rechazado, que la había dejado jugar un poco tan solo para que se arrepintiera, que la había sabido parar a tiempo, y que todo estaba bajo mi control. Incluso me dije que la experiencia no me había conseguido excitar, y me sentí orgulloso. Miserias de la conciencia humana, y lo bien que se le da el sutil arte del disfraz. Creo que fue este camino, que mi cerebro tomó por cómodo, el que me conduciría directamente a mi perdición.

En la siguiente clase, Laura venía equipada. Me esperaba directamente en su habitación. Tenía los labios pintados en color rojo carmín, brillantes, calientes. Vestía minifalda, una camisa blanca, abierta, que dejaba intuir sus senos y denotaba la ausencia de sujetador, y llevaba una pequeña corbata negra. La chica parecía estar a punto de protagonizar el papel de colegiala en una película porno. Todas sus cartas estaban sobre la mesa. En su boca, un chupa-chups le servía para jugar. Estaba más que morbosa, increíble. Y yo, tonto de mí, me creía inmune.

-Acabo de pintarme los labios -dijo sin cortarse, mirándome de lado -supongo que mancharán mucho... si se me ocurre chupar algo...
-Saca los libros, Laura
-Sácate la polla, Javi

La chica quería jugar. Se merecía un órdago que, de nuevo, la pusiera en su sitio. Como lo había hecho la semana pasada.

-¿Eso es lo que quieres? -respondí sin dudar, creyéndome preparado -¿verme la polla? Pues bien, aquí tienes -respondí mientras desabrochaba mis pantalones, apartaba los calzoncillos y sacaba en efecto mi pene, flácido, ante su sorprendida mirada -ya está, sí, es una polla, ¿estás contenta? -le dije a punto de desenmascarar su farol de adolescente -tengo una polla, como todo el mundo. Y como puedes comprobar, no tiene ganas de nada. Ahora, vamos a estudiar.
-Javi...!! -me respondió ella sobresaltada.

Anodadada, o fingiéndolo, se dejó caer sobre sus rodillas, frente a mi polla. Una de sus manos, tímida, se acercó. "No la pares" pensé para mis adentros "es importante que se frene ella sola".

La mano sostuvo mi pene, aún no erecto, pero con intenciones, mientras ella, arrodillada, lo miraba hipnotizada. Jugó con su chupachups, con su lengua, excitándome sin despegar los ojos del músculo que acariciaba. La erección se fue fraguando, poco a poco, entre sus dedos. Lejos de intimidarla, parecía divertirle. Pero yo tenía que ser fuerte; Lo tenía todo controlado.

-¿De verdad puedo chupártela? -insinuó, más vacilona que vacilante.

Pero era el momento. Ella llevaba un farol. Yo, mi mano segura, con comodín y dos ases. No podía echarme atrás, tenía que acobardarla.

-Adelante -sonó mi voz, esperanzada.

Ella me miró a los ojos, dejando el chupachups a un lado, se inclinó sobre mi glande, dejó que un poco de saliva cayera sobre mi pene (-uff.. -) mientras se quitaba la camisa, quedando en tetas y corbata. La besó con timidez, mirándome. Pidiéndome permiso. Pequeños y húmedos besitos de niña adolescente. Su lengua, tímida, escapó de entre sus labios para pasear. Para conocer, explorar. Alcanzó mi glande, lamiéndolo mientras lo envolvía entre sus labios, como una profesional. Javi... ¿hasta qué punto llegaba el plan?

Y finalmente bajó la cabeza, devorando todo el falo, lanzándose a mamármela. Póker. Sus labios pintaban carmín. Su lengua ofrecía calor. Sus tetas pedían a gritos mis manos. Y yo, yo me rendía a la evidencia, disolviendo mi concencia en su saliva y aceptando que llevaba tiempo soñando a Laura de aquella manera. Desnuda. Sin necesidad de engullir la polla entera. Y con los labios pintados.


Lo más amazónico era la pasión con que se entregaba al tacto. Como si fuera algo natural, sencillo, una función más de sus labios. Algo que mi generación se perdió en su momento. "Es una felación", me dije. "Sólo una felación; ¿qué puede tener de malo? Está claro que no es la primera vez que lo hace...".

-¿Te gusta? -me preguntó, satisfecha. Desde luego que me gusta, Laura, me derrite. Pero no esperes que mi boca lo diga. Sería aceptarlo... demasiado. Y no puedo hacerlo. No puedo.
-Laura, -rogué con los ojos cerrados y la cara hacia el techo -tienes que parar, no podemos hacer esto...

Ella movió la cabeza hacia los lados en un gesto de negación. -Cállate -me dijo mientras volvía a emplear su boca en aquel increíble placer, hundiéndose en mí, comiéndome, besándome, lamiéndome, matándome en un éxtasis en el que todo era perfecto, pero nada estaba bien. Mi cuerpo no respondía. Las piernas me temblaba. Aquello era el máximo exponente del placer. Era una pena que fuese... Laura.



La improvisada felatriz decidió improvisar entonces, y abrazó sus tetas con sus brazos mientras su lengua seguía explorando en mí, juntando aquellos pechos y convirtiéndolos en irresistibles. Mas con su cabeza bailando por medio, me costaba ver el espectáculo, y empecé a hacer algunos aspavientos con el cuello, tratando de encontrar el mejor ángulo: necesitaba adorar esas tetas. Ella se dio cuenta, se rió, y me dijo "tienes un espejo ahí" señalándome, en efecto, la puerta espejada de un armario cuya visión resultaba increíble. Podía verme a mí. Podía verla a ella, entre mis piernas, con mi pene en su boca, en aquel ritmo con su cabeza, que subía y bajaba, conduciéndome al orgasmo. Podía ver sus rodillas clavadas en el suelo. Y, desde luego, podía ver sus preciosos pechos de diosa, escapando turgentes de sus brazos. El espejo estaba demasiado oportunamente colocado. ¿Cuántas pollas habrán pasado por tus labios aquí mismo, Laurita?

-¿Sabes? -le dije, lanzado ya, olvidándome de la inhibición -es muy, muy sexy, que un espejo te deje admirar el baile de una chica cuando te la está chupando.
-¿Sabes? -respondió ella, ácida -no creo que tengas mucho que enseñarme sobre cómo comer una polla. Mis preguntas pretendían calentarte, creo que ya he mamado demasiado.
-La verdad -me rendí sin importarme su confesión -es increíble lo bien que me la estás chupando...

Un impulso eléctrico recorrió mi espina dorsal al pronunciar en alto que me la estaba chupando. Y Laura lo noto.

-¿Te pone, verdad?
-Sí, me pone mucho como lo haces, Laura...
-No... digo que te pone pronunciar que te la estoy chupando...

Recorría todo el pene con su lengua, vacilaba, se la comía, la mamaba, la devoraba, entregada a su trabajo.

-Dilo otra vez... -me pidió -di en voz alta que te la estoy mamando
-Me la estás chupando, Laura... -obedecí provocando de nuevo aquel calambre
-Pídeme que te la sigua chupando... -me rogó sin dejar de comerme la polla
-Sigue chupándomela, Laura... -dios, me volvía loco
-Recuérdame que soy tu alumna... y que te estoy practicando la mejor mamada de tu vida...

Laura, lo manejas demasiado bien. Demasiado.

-Tienes dieciocho años, Laura... Eres mi alumna... Estás desnuda... y me estás haciendo la mejor mamada que me han hecho jamás... -murmuré sin mentir, sintiéndome un desgraciado.

-Dime que quieres correrte...
-Joder, joder, desde luego que quiero correrme...
-Y córrete

Simplemente increíble.

Su boca se lanzó a terminar con ansia aquel trabajo mientras mi orgasmo se acercaba. Mi mirada no se separaba del espejo, donde veía el afán con que se movía, con que me devoraba, la forma en que aquella chica me la chupaba, era demasiado bueno, demasiado...

-¡Me corro! -grité tratando de que su madre, que estaba en casa, no lo escuchara -me corro!!!...

Ella hundió su boca, untándome en su lengua, mientras el semen la inundaba, y antes de que terminara de correrme se dedicó a besarme el glande, untándolo de un esperma que se lanzaba contra su labios y goteaba por su comisura mientras Laura, la joven Laura, no dejaba de besarme.

Tras el orgasmo, la cordura regresó a mi cabeza. -Por dios, ¿qué he hecho? -susurré. Laura se subió sobre mí, sus manos buscaron mi camiseta y, quitándomela, murmuró.

-Empezar

5 comentarios:

  1. Fantástico cuento... me encanto esa historia entre alumna y profesor, la resistencia inevitable de él, la maldad de ella... un juego morboso a tope.

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  2. Qué a gusto habría dado yo las clases particulares de química en aquel entonces si hubiera tenido un profesor así que encima me hubiera dejado "practicar".

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  3. Vaya unas lectoras de lujo. Muchísimas gracias ;)

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  4. Haz mejorado mucho mucho, el final es perfecto. Felicidades!!!

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  5. Gracias a ti con tu clemencia, Pixie :)

    Aunque se agradecen también las críticas duras, y se aprovechan mucho mejor. No se corten en sacar el látigo, señoritas...

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